sábado, 4 de noviembre de 2017

ZENOBIA, LA REINA DE PALMIRA

Palmira era una provincia romana desde el siglo I d.C. aunque sus orígenes nabateos se remontan hasta el siglo IV a.C. Durante dos siglos aproximadamente, el reino de Palmira permaneció fiel al imperio Romano, por lo que se benefició de su situación estratégica como paso de las principales rutas comerciales entre Roma y Persia.

  Zenobia fue la segunda mujer del príncipe Odenato de Palmira con quién tuvo un hijo y éste ya tenía un hijo de su matrimonio anterior que  luego fueron asesinados.

    En ese momento ella logró deponer al pretendiente y reclamó la corona del reino para su hijo. Gobernó Egipto hasta el año 272, cuando fue derrotada y enviada como rehén a Roma por el emperador Aureliano.

El reinado de Zenobia fue muy corto, del 267 al 272, pero consiguió dar un esplendor como nunca antes se había visto en la ciudad siria. La reina inició una serie de trabajos para fortificar y embellecer la ciudad de la cual hoy día aún se pueden contemplar sus imponentes ruinas. Grandes columnas y colosales estatuas, templos, monumentos y jardines lo completaron.

   Zenobia no se conformó con embellecer su ciudad sino que también emprendió una importante campaña expansiva de su pequeño imperio.  No dudó en aprovechar aquella débil coyuntura del imperio al que sus predecesores sirvieron. Así, en el año 269 las tropas de Palmira consiguieron dominar un vasto territorio comprendido entre Asia Menor y Egipto.

  Sintió siempre una gran admiración por la reina egipcia Cleopatra. No sólo imitó su estilo estético y llegó incluso a usar parte del ajuar perteneciente a Cleopatra..
El año 270 el emperador Aureliano tomaba las riendas del Imperio Romano estabilizó la frontera del Danubio y puso orden en las distintas zonas de conflicto. La última reina de Palmira fue finalmente derrotada en Emesa.    Aunque consiguió huir, ella y su hijo fueron capturados en el río Eufrates cuando intentaban llegar al reino persa en busca de asilo.

El esplendor de Palmira duró escasos cinco años. Mientras la ciudad de Palmira era destruida por orden de Aureliano, su reina era trasladada a Roma prisionera se dice que el emperador quedó tan impresionado por Zenobia que la liberó, otorgándole una villa en Tibur  donde se convirtió en una dama destacada de la alta sociedad, viviendo como una matrona romana más.
 


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