martes, 25 de julio de 2017

MACA (Museo Arqueológico)



PODEROSO CABALLERO

Con la mirada puesta en las verdes montañas de la sierra de Guadarrama y mientras el tren se acercaba al lugar serrano donde se conocieron sus pensamientos volaron hacia sus recuerdos.

 Después de veinte años iba a reencontrarse con su amiga Marian, habían perdido el contacto y la inquietaba su reacción.

Llamó al timbre y esperó a verla en el balcón sin embargo su voz a través del telefonillo le sonó triste y apagada.

Eso le extrañó y contestó: “Abre soy yo”.

Subió las escaleras hasta el primer piso al verse se fundieron en un gran y largo abrazo. El intercambio de noticias salían a borbotones de sus labios a toda velocidad que golpeaban como mazazos en sus oídos.

Se sentaron con las manos agarradas infundiéndose la fuerza que necesitaban.

Acompasaron la respiración y mirándose a los ojos comenzaron una conversación como si se hubieran visto el día anterior.

Las lágrimas silenciosas resbalaban por sus rostros dando rienda suelta al dolor que las embargaba y mucho tiempo contenido.

Dos viudas frente a frente y diferentes formas de serlo, una esperándola con desespero para sentir de nuevo la libertad y la otra  después de tres años incapaz de afrontar la terrible pérdida.

Marian languidecía, solo el trabajo, un precioso trabajo desarrollado entre la belleza y el arte del color la evadían de su enorme dolor.

Su amistad era como el aire no necesitan verse para saber que se tienen. Lo acababan de comprobar.

En un tono desgarrador le contaba el velatorio de su marido lo tenía como en una foto fija en la película de su mente que le impedía avanzar.

Hasta que de pronto de su garganta salió  un grito de terror  que le asustó. ¡No! ¡No! Todavía me resuenan sus voces delante del féretro abierto pidiéndome la cartilla del banco.

La miró con ojos incrédulos y la boca abierta ante semejante revelación.

Sí, sí así me quedé yo al oírlo. Cómo no contestaba se lo volvió a repetir su padre “Dame la cartilla del banco que la mitad es nuestro y quiero saber lo que tengo”.

Enfadada le respondí: Si no le dolía la muerte de su hijo que aún estaba caliente” A lo que enrabietado inquirió que no solo la cartilla que también quería la casa.

—La casa es mía y solo mía—

—Lo veremos aunque te tenga que llevar a juicio—

   ¿Pero no le duele ni un poco su hijo? ¿Tiene que arman tanto alboroto delante de todos? No tiene conciencia—

   Él ya no está y para que lo sepas “ el dinero no tiene conciencia”—

 

 
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viernes, 21 de julio de 2017

MARCADO POR LA MÚSICA

Íñigo era un chaval de siete años cuando sus padres pusieron en sus manos un violín. Comenzó sus clases en la escuela de música sin mucho interés.

Sin embargo se sorprendió de su habilidad con el instrumento. Su destreza era importante y a los nueve hizo su presentación en una salita del auditorio.

A los catorce comenzó una gira por diversas ciudades españolas, todo iba muy deprisa, el éxito le acompañaba las críticas glosaban su maestría a tan temprana edad.

Envuelto en una vorágine de halagos su vida era una noria de emociones. A los dieciocho años era conocido en el mundo entero, sus conciertos despertaban una gran admiración.

Las adulaciones le sobrepasaron, los viajes y las habitaciones de hotel tan impersonales,  y la bebida que al principio le servía para aproximarse a las jóvenes pronto se adueñó de él.

Su vida licenciosa entre clubs de alterne y otros vicios, la música le abandonó o más bien él a ella. Los contratos poco a poco fueron desapareciendo y su fama otrora importante se tornó en vejaciones y desprecio.

Regresó a su ciudad natal y con su único amigo tocaba en una de las calles peatonales a la espera de unas monedas que le permitieran sobrevivir.

Cada nota que desgranaba su violín llevaba la sensibilidad de su espíritu con ello tocaba otras almas que paraban a escucharlo.

Unos por incomodidad se alejaban intranquilos, los menos nos quedábamos a escucharle. Así un día y otro hasta que movida por la tristeza y amargura de sus ojos me aproximé sin más intención de paliar por unos instantes la soledad que le embargaba.

El miedo a la reacción en la casa familiar le atenazaba, no soportaría el rechazo de los suyos ni su desdicha vital.

De esta manera conocí su historia y mis únicas palabras fueron: Vuelve con humildad, arrepentimiento cual hijo pródigo y las puertas de sus corazones se abrirán.

He vuelto a pasear por esas calles echo en falta su música pero sonrío al pensar que ha renacido en el lugar a donde pertenece.


 
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EXPLOSIÓN


CITA

La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma.

Goethe.

 

SIN TÍTULO


martes, 18 de julio de 2017

LÁPIZ Y CINCEL

Un estruendo estrepitoso en la montaña se sintió en muchos kilómetros a la redonda. En el pueblo de los canteros el miedo se instaló entre sus habitantes.

Acostumbrados al frío de la cercana sierra de Guadarrama el trabajo duro a la intemperie se dividía entre la ganadería bovina y las canteras.

El continúo auge de la construcción hizo que se decantaran en su mayoría al tratamiento de la piedra. En los talleres se ocupaban de perfeccionar los bloques y crear diversas barandillas e incluso las fuentes que adornar los bellos jardines de toda la provincia.

Las inmensas nubes de polvo en las que se desarrollaba su labor les envejecía rápidamente y las enfermedades diezmaban a la población.

Cuando los desprendimientos de la montaña eran muy exagerados a veces la distancia de precaución no bastaba y los heridos cuando no algún fallecido, mantenían en vilo a las familias.

Por eso la mañana del terrorífico estruendo más parecía un terremoto que un desprendimiento de la cantera.

A Simón que había ido a decir que de momento no desgarraran más a la montaña pues se con la proximidad del invierno tenían material suficiente, el granito se rompió en diversos tramos y el joven pese a estar retirado las piedras y el polvo lo envolvieron.

Los angustiosos minutos les parecían horas la impotencia ante la espera les destrozaba.

El viento comenzó a soplar y a despejar el lugar, los gritos de dolor les hizo gritar: ¡Está vivo, está vivo! Ante lo cual corrieron a despejar el terreno para llegar hasta él.

Las piernas atrapadas y el resto del cuerpo cubierto de pequeñas piedras su dolor era indescriptible.

Con el paso del tiempo Simón se recuperó pero sus piernas no obedecían las órdenes de su cerebro.

En el taller sin movilidad su trabajo cambió. Desde su silla de ruedas cincelaba pequeños encargos sin complicación.

Con el paso de los meses el tedio se apoderó de él y comenzó a dibujar sobre la piedra el producto de su imaginación, sin llegar a cincelar.

Un día cogió una vez más el lápiz y dibujó por las tres caras del bloque el rostro ajado del encargado, éste al verlo le comentó si se atrevía a esculpirlo, con la sorpresa en sus ojos le dijo: voy a intentarlo.

El martillo en una mano y el cincel en la otra Simón fue dando los golpes precisos para hacer el vacío, luego los dejaba descansar y el lápiz iba marcando el camino de las orejas, el hueco de los ojos.

De nuevo el cincel y el martillo con pequeños golpes seguían las líneas marcadas.

Volvió a tomar entre sus dedos el lápiz negro ahora señalaba la boca las arrugas y  por la parte de atrás el poco pelo que le quedaba.

En ésta labor se empleó a conciencia cuando lo finalizó el encargado no se sintió satisfecho con la obra, quizás porque le retrataba más de lo que le hubiese gustado.

Sin embargo los compañeros alababan su perfección. En su interior Simón deseaba le encargaran los bustos de cualquier persona para a través de ellos conocer un poco los secretos del alma humana.

 

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DEMASIADOS COCHES


RECORDAR


Como suele ocurrir unos por otros, han dejado a esta réplica de la Santísima Trinidad se desgaje y se haya podrido en el puerto. Con el dineral que costó y solo para la inauguración de la Volvo. Han sacado muy poco provecho. ¡QUÉ INSENSATEZ!!!!

REFRÁN

El que no tiene cabeza, tiene que tener pies.

domingo, 16 de julio de 2017

LA PETRA DE OCCIDENTE

 Con los pies   calzados con zapatillas deportivas nos adentramos por el canal que atraviesa la sierra Pela. Su piedra arenisca facilitó su excavación. La tribu arévaca proveniente de los celtíberos. Todas las viviendas están dentro de la piedra de la montaña de esa forma se protegían de los elementos y de los enemigos.

Ante la invasión romana se aliaron con los numantinos, contra el asedio a que fueron sometidos por los romanos.

Después del tiempo todos sabemos de su trágico final. La misma suerte corrió Tiermes en venganza de la colaboración con los numantinos. Pues Uxama que se halla en el centro aproximado entre las dos poblaciones no sufrió asedio alguno.

Las ciudades más importantes de los arévacos fueron Numancia, Tiermes y Uxama situadas en la provincia de Soria.

Tiermes es la gran desconocida aunque se la denomina la Petra de Occidente. En ella se hallan diversos grupos de arqueólogos que durante el verano nos descubren hallazgos maravillosos.

La ciencia nos ayuda a conocer nuestra historia más recóndita y a reescribirla con sus investigaciones.

Cansados de escalar entre muros de edificios romanos que nos hablaban que fue una ciudad importante al tener foro, acueducto no al uso de los que estamos acostumbrados a ver.

Nos colamos por las cuevas, que en verano se agradece un poquito de fresco, después algunas piezas visigodas.

Demasiada información para tan poco tiempo el polvo, el sudor,  y la falta de reservas de agua hacen una mala combinación.  

Encontramos las huellas de nuestros antecesores originarios en una tierra de frontera siempre invadida durante siglos, con luchas intestinas ahora casi desertizada por la ausencia de sus pobladores.

Los que nos fuimos en busca de un futuro mejor sentimos la añoranza del paisaje y las costumbres ancestrales que llevamos inoculados en nuestro A.D.N  y que forjaron nuestro carácter.

 
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REFRÁN

Dichosos mis bienes que me sacan de mis males.

NOCHE EN EL A.D.A (Auditorio)


sábado, 15 de julio de 2017

EL ÁRBOL DE LA LECTURA


SOÑAR CON LOS PIES

Las cenizas de Vera duermen ahora en el columbario del Cementerio de su ciudad natal. Desde muy temprano, la pequeña, tuvo que enfrentarse a graves problemas. Su familia estaba arruinada y su padre acabó en la cárcel acusado de fraude bancario.

El ambiente musical promovido por su madre,  que daba clases de piano hizo que a Vera se le colara el ritmo en lo más profundo de su cuerpo.

Autodidacta, luchó contra todo y contra todos hasta conseguir el triunfo.

Su baile radical, novedoso y descarado le trajo críticas destructivas, abucheos y hasta insultos en sus actuaciones.

Sus coreografías cargadas de sensualidad y fuerza  alarmaban a toda la sociedad. Ella era así, imprevisible. Sobre el escenario soñaba y mientras bailaba era feliz.

Regresó al teatro Principal como la estrella que era, las envidias y rencores salieron de nuevo a luz.

En  el bar más elegante de la ciudad donde se reunían después de cada función, conoció a un joven escritor que luchaba por abrirse camino entre los literatos.

Un  grupo cerrado que con mucha dificultad y raramente dejaban introducir sangre nueva con ideas renovadas.

Antes de terminar la gira por los teatros de las ciudades aledañas ya se habían casado. Fascinado por la personalidad de Vera más que amarla la idolatraba, al poco tiempo se cansó de su adoración y buscó nuevas aventuras que la saciaran.

El universo de su amada le aplastaba, le había hecho desaparecer como escritor y lo más duro se sentía un juguete en sus manos.

Su cabeza comenzó a elucubrar ideas oscuras que no plasmaba en el papel y una madrugada cuando Vera regresaba al hotel acompañada del galán de turno halló a su esposo tumbado en la alfombra con una pistola en la mano.

A partir de ese momento su vida cambió. Siguió bailando hasta formar su compañía a base de esfuerzo y tesón.

En lo personal decidió ser madre soltera y centrarse solo en las dos pasiones que desde entonces regirían su existencia.

Pasaron los años y un nuevo regreso a su ciudad natal para vivir su retiro junto al mar. Sus paseos diarios en bicicleta  o en moto con su largo pañuelo al cuello. A veces se alejaba del bullicio veraniego y recorría los pueblos cercanos para adentrarse en la naturaleza.

El destino y su audacia con la bicicleta al bajar un repecho a toda velocidad su pañuelo se enredó en los radios de la rueda, perdió el control y cayó terraplén abajo.

Vera no se movía, no respiraba. Cuando la encontraron al día siguiente ella ya bailaba en un escenario mejor.

 

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NUBES Y FLORES


miércoles, 12 de julio de 2017

GATOS PARDOS EN LA EXPLANADA

Largos paseos a altas horas de la madrugada descalzos por la playa con el agua lamiendo nuestros pies y hundidos en la arena todavía caliente, los cuerpos refrescados por la brisa es momento de confidencias, risas y de emociones a flor de piel.

Ensoñaciones bajo el influjo de la luna en el mar, espejo del firmamento y reflejo de los veleros que navegan hacia el horizonte.

Son instantes deliciosos que embriagan las almas y relajan los cuerpos, sentimientos que transmitir, liberación de los sentidos…

Cuando el sol irrumpe en un estallido de fuego esa misma playa se torna bulliciosa, variopinta y una enjambre de seres no dejan un ápice de arena sin ocupar ni un resquicio de agua donde tonificar la piel, sin que una pelota te golpee o una persona te roce y te asustas pensando que es una medusa.

Al atardecer se marchan como en una larga procesión de hormigas cargadas con los bártulos hacia las paradas de los autobuses.

Son las mismas personas que luego llenan la Explanada arriba y abajo, de vez en cuando se sientan a degustar algún refresco, una rica horchata o una copa de helado.

Otras damos una vuelta observando a un grupo de músicos y alguna pareja baila. Puestos de baratijas a precios no tan baratos. Todo se compra y se vende como en un mercado persa.

Pintores desconocidos ofrecen sus cuadros imitación de Sorolla a precios asequibles. Un poco más lejos algún que otro dibujante hace caricaturas.

Mujeres africanas  escondidas  tras una palmera trenzan cabellos.

La guardia urbana de vez en cuando les pide los papeles, pero nadie huye, hacen la vista gorda mientras el orden impere, en éste mercado se trata de sobrevivir.

Así un día tras otro llegan gentes de todos los países en una mezcolanza de idiomas cual torre de Babel. Nosotros vamos y venimos a lo largo y ancho del país.

Los  mayores que se quedan ocupan las sillas del paseo con distracción asegurada. Los demás aguantamos el pegajoso calor que este año viene con oleadas insufribles.

En las madrugadas insomnes aprovechamos la soledad de la playa y bajamos a dialogar con el mar.


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CROMATISMO VERANIEGO


JARDÍN DE LA U.ALICANTE


lunes, 10 de julio de 2017

FANTASÍA Y COLOR


AL SERVICIO DEL TEMPLO


Unos fuertes golpes hicieron retumbar las paredes de la casa, Livia la mayor con apenas nueve años corrió a esconderse dentro del arca donde su madre guardaba los vestidos.

Sonaron de nuevos los atronadores golpes ella temblaba entre los ropajes, nadie abrió y volvió la calma.

Claudia la llamaba alborozada: ¡LIVIA, LIVIA!

Salió de su escondite y corrió para hacerla callar, la tapó la boca y en voz queda le contó lo sucedido. Ambas sabían lo ello significaba.

Desde muy pequeñas todos alabaron su belleza, ahora la maldecían. Debían urdir un plan para huir, pronto volverían a por una de ellas y no querían separarse.

Sigilosas prepararon unas pocas cosas se agarraron de las manos y huyeron hacia el puerto de Ostia.

Apenas habían salido de la ciudad cuando un familiar las encontró y las llevó de vuelta a casa.

Sus padres enfadados les dijeron que había que cumplir con las leyes les gustaran o no, a ellos les dolía tener que separarse de cualquiera de ellas o de las dos en el peor de los casos.

Al día siguiente los golpes se repitieron si cabe con más fuerza pero esta vez la puerta se abrió de par en par, en el umbral aparecieron un par de hombres altos y fornidos que observaron a las dos pequeñas minuciosamente, después de unos segundos agarraron a Claudia y se la llevaron.

De nada sirvieron los gritos de Livia: Soy la mayor me toca a mí. Su llanto no tenía consuelo. Su padre cerró la puerta mientras la adentraba en la casa junto a su madre.

A Claudia la llevaron a las dependencias del templo donde las iniciaban, en primer lugar le cortaron su hermosa y larga cabellera castaña, luego la colgarían de un árbol en señal de que ya no pertenecía a su familia solo al templo.

Una vez superado el trance le esperaban diez años de largo aprendizaje sin salir del recinto. Transcurrido ese tiempo se convertiría en sacerdotisa de la diosa Vesta. Entonces y solo entonces sería una bella vestal con sus elegantes vestimentas, cubierta con un hermoso velo y una llama siempre ardiendo entre sus manos.

Mantener encendido el fuego de la diosa era su deber primordial. Las ceremonias de las sacerdotisas eran secretas.

Habían pasado diez años y Claudia junto con sus compañeras iban a ser consagradas sacerdotisas en una gran ceremonia, en la que asistirían las mujeres de sus familias.

La procesión comenzaba con unas grandes luminarias portadas por las sacerdotisas más antiguas cubiertas con túnicas con capuchas que ocultaban su rostro.

Los tambores marcaban el paso hacia el templo mientras las jóvenes iniciadas bailaban a los pies del altar de Vesta.

Al entrar en el recinto las vestales que cerraban la procesión los asistentes se dispersaban. A partir de ese instante no volverían a mantener ningún contacto con ellas.

Era un privilegio servir en el templo, solo ellas eran sacerdotisas en los demás templos estaba reservados a los  hombres.

Tendrían que pasar veinte años para que Claudia quedara libre del servicio al templo. Entonces se hallaría ante la disyuntiva de permanecer en el recinto o casarse. ¿Porqué opción se decantaría?...

 

 

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sábado, 8 de julio de 2017

ENTRE DOS RÍOS

Estuve varios días en el puerto arreglando el pecio y comprando todas las mercancías más valiosas que pude encontrar. El motivo de tan largo viaje era llevar a mi hija Desa a Mesopotamia. Su madre le había comprado los mejores vestidos y joyas, lo guardó en baúles ricamente decorados. La dejó elegirlos  como  compensación del alejamiento familiar.

Desa también creía que el viaje era motivado por un acuerdo nupcial entre Shamash y yo. Estaba impaciente e inquieta por conocer a Ooenes al joven hijo de Shamash.

Tras el largo viaje lleno de sobresaltos y tormentas  nos alegramos de pisar tierra firme. Nuestros ojos miraban el esplendor de las palmeras y el hermoso color del paisaje.

Descargamos las mercancías para cargarlas en los carros que mi amigo nos tenía preparados.

Desa frunció el gesto desilusionada al comprobar que su joven galán no la esperaba, y así continuó todo el viaje hasta Nínive.

Estuvimos dos días para descansar y conocer la ciudad, todavía quedaba un largo recorrido hasta el final de nuestro destino.

Mis hombres después de saciar su sed y el hambre de frutos frescos, se dedicaron a ir de taberna en taberna en busca de las mujeres más bellas que según ellos solo existían allí.

Mientras nosotros nos dirigíamos a Qatta, ciudad donde residía Shamash con su familia, ellos regresaban a Atenas con nuevas mercancías para el negocio que mi esposa  regentaba en mi ausencia.

Después de varias jornadas llegamos a  nuestro destino allí nos recibieron con una gran fiesta.

A los tres días comenzaron los preparativos de los esponsales, Desa aun estaba convencida que su boda sería con el hijo. Jubilosa se vestía con los trajes de Mesopotamia, deseaba tanto ser su esposa…se enamoró nada más verlo. Apuesto y con una belleza exultante tanto que las jóvenes se lo disputaban.

Bajábamos las escaleras ella gozosa y yo abatido al entregarla a un hombre viejo, para saldar mi deuda adquirida en  una batalla cuando me salvó la vida pese a ser enemigos. Sus palabras resonaron en mis oídos al escuchar que no era un favor y que algún día se cobraría la deuda.

Durante en enlace Desa y Ooenes cruzaban sus miradas, ambos con los ojos a punto de desbordarse.

Cuando regresé a Helas tuve noticias desagradables respecto a Desa y Ooenes.  Su padre los había sorprendido en adulterio  y quiso aplicar la ley de Hamurabi.

El castigo era arrojarlos al río para que murieran ahogados a todo aquel que cometiera adulterio.  En Mesopotamia no sabían nadar. El padre sentía un profundo dolor pues la ley no le permitía salvar solo al hijo si no que  obligaba  salvar a los dos. Así que los ató juntos los llevó hasta el puente y los arrojó al río.

Desa por el contrario nadaba como los peces, pues en Atenas los niños lo aprendían al tiempo que estudiaban.

Ooenes siguió las indicaciones que ella le decía,  así los dos  bucearon hasta lo más profundo alejándose de la zona hasta llegar a un lugar que les permitiera salir y desaparecer.

Embarqué de nuevo para recogerlos en Nínive y descender por la confluencia del Tigris y Josr hasta llegar al Mediterráneo.

Después de varios meses por fin nos reencontramos con mi esposa y el resto de la familia, la fiesta de bienvenida fue espectacular. Con muchos invitados y manjares de todo tipo, el vino regaba las bocas sedientas de mis hombres y los convidados.

Desa y Ooenes desaparecieron de la fiesta.
 
 

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