jueves, 18 de mayo de 2017

EL SACO DE BOXEO


Al llegar a una edad cercana a la jubilación se suele pensar que hemos hecho un recorrido vital el cual nos permitirá cosechar algunos frutos de nuestro sembrado.

Resulta que las mayoría de las veces nos equivocamos, sobre todo si tenemos hijos entonces si que no hemos terminado.

Primero porque son pequeños, van creciendo y a soportar algunas adolescencias que con un poco de suerte son llevaderas, luego la juventud, ¡ay la juventud! La  única enfermedad que se cura con el tiempo.

La época en que lo saben todo, y ya eres viejo, no sabemos lo que ellos. Puede que  en preparación académica nos superen en algunos casos, pero de la universidad de la vida que no se atrevan a darnos  lecciones.

Sin embargo ante sus fracasos no suelen aceptar su incapacidad y buscan el saco de boxeo donde descargar su furia, necesitan hallar un culpable y ¿que mejor que en casa? Casi siempre con la madre, por eso de que tenemos más empatía con ellos.

Luego se independizan, parece que por fin vamos a tener un respiro… ¡Vamos listos! Al menor tropiezo otra vez a pedir ayuda a mamá. Claro mamá está, siempre está…Es más cómodo que hablar con los dos progenitores al tiempo,  mamá lo soluciona.

Sus enfados aunque sea en la distancia terminan por repercutirnos y no digamos si hay un divorcio por el medio entonces…Los problemas laborales que están a la orden del día, también al hogar.

Nos convertimos en unos sacos de boxeo sin límite de aguante, hasta que explotamos en lo emocional y físicamente.

Entonces vienen las depresiones, los infartos… Para preguntarnos después porqué nos ha pasado si no bebemos ni fumamos y llevamos una vida ordenada. ¿De verdad nuestra vida es ordenada? Que pregunten a nuestras emociones.

 

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1 comentario:

  1. Una buena reflexión, Toñi. Con los hijos no se termina nunca de dar y a veces hay consecuencias...

    ¡Un abrazo!

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