miércoles, 19 de abril de 2017

EL NAVEGANTE

Henar  fue invitada  a una expedición arqueológica internacional. Con la música por  compañera, inició el largo camino a Carcassonne.
Al llegar la expedición había iniciado los trabajos, con el polvo, las piedras, los cuadrantes delimitándolo todo, las tiendas de campaña por cobijo para resguardarse del frío nocturno de las montañas.
Se calzó las botas cogió una paleta y se puso a escarbar despacio, sería por la suerte del principiante, enseguida halló un aro metálico lo limpió y terminó poniéndoselo en la muñeca.
A los pocos días comenzó a sentir que se encontraba en otro tiempo siendo otra persona. Mientras dormía escuchaba relatos que la despertaban causándole gran inquietud.
Una fuerza extraña la llevaba hacia la cueva más recóndita, donde los trabajos estaban por iniciarse. Al entrar experimentó un vahído que la arrastraba a las profundidades, intentó agarrarse a una piedra y entonces descubrió un anillo que misteriosamente la salvó.
Observó el dibujo que lo adornaba le parecía un laberinto, muy original y se lo puso, entonces envejeció a pasos agigantados asustada se lo quitó y lo lanzó al abismo.

Los responsables de la excavación notaron su esquivo comportamiento y comenzaron a seguirla pues pensaron que habría hallado algo valioso e intentaría deshacerse de ello. Cada noche se repetían escenas de una vida desconocida que la empujaban hacia ella. Tenía que encontrar una salida.

A la mañana siguiente fue a la cueva, comenzó a escarbar sin ton ni son por todos los rincones. Nerviosa daba vueltas a su alrededor, con el polvo que levantaba la visibilidad disminuía, con la garganta seca, los ojos irritados y empapada de sudor corrió hacia la balsa y se zambulló en el agua fría.

Los restos de una civilización ancestral comenzaron hacerse evidentes, sus visiones se aclaraban, al fin pudo relacionarlo. Se trataba de los cátaros por cuya religión fueron  perseguidos  hasta ser eliminados.

De eso trataba al fin la expedición, tanto misterio y secretismo la habían hecho creer que serían cosas de dudosa legalidad. Lo que no alcanzaba a comprender era la manifestación de las visiones de tan cruenta batalla.

Le revelaban conocimientos de plantas y de las pociones que solo utilizaba la “sacerdotisa” del pueblo. Guardaba el libro de los conocimientos de generaciones y ella era la última, tendría que enseñar a la más dotada para llevar a cabo su misión. La cual lo protegería con su vida.

Un anciano la observaba mientras recogía plantas y flores, hasta que halló la ocasión para relatarle como ella era el próximo navegante de los cátaros y la guardiana de todos los conocimientos ancestrales, que protegería con su propia vida si fuese necesario; hasta que se le revelase el próximo navegante.

La llevó a la cueva descubrió un laberinto grabado en la piedra, la tomó de la mano y se introdujeron en él, entonces experimentó un aumento progresivo del conocimiento de tantos siglos.

Miró al anciano y solo vió los ropajes que vistió, volvió a cubrir el laberinto, cuando  estuvo escondido sacudió sus manos y al hacerlo comprobó como el anillo había vuelto a su dedo. Asustada regresó a su coche, pisó a fondo el acelerador huyendo a toda prisa Carcasonne.

 

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1 comentario:

  1. ¡Huyó! El peso de la misión que le encomendaron fue demasiado.
    Muy original tu relato Toñi, me ha gustado mucho.
    Un abrazo

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