miércoles, 26 de abril de 2017

LA GENTE...¡QUÉ GENTE!

En nuestra sociedad actual nos comportamos como nuestros padres y si me apuráis como nuestros abuelos. Hace falta cumplir años, bastantes, para que muchas cosas resbalen o directamente no las hagamos caso, haciendo oídos sordos a tanta falacia y superchería.

Aquello repetido una y mil veces eso “del que dirán”, cuando en todos los ámbitos sociales se practica con fruición desmedida el “cotilleo” no importa la preparación intelectual, en cuanto hablas un par de veces intentan sonsacarte tu privacidad.

Eso en lo mejor de los casos, porque no es el primer caso ni será el último que te inquieran a bocajarro, eso sí descoloca un poco, tampoco demasiado a decir verdad que la experiencia ayuda bastante.

Cuando y porqué la gente, bastante gente se interesa demasiado en la vida de los otros, será que la suya debe ser bastante aburrida o con muchas cosas que esconder.

Deben de pensar si me informo de otras personas, seguro que están peor que yo. Así tener tema de conversación entre sus allegados  importantes del cotilleo.

Socializamos con ellos con meros formalismos de educación, hablar del tiempo o de la moda que viene en la nueva temporada.

Ante tanta decepción nos cansamos de tener siempre la guardia subida para nuestra defensa y necesitamos llevar la vida un poco relajada para disfrutar de las cosas sencillas.

Sin embargo seleccionamos mucho a  las personas que verdaderamente nos aportan opiniones que nos ayuden a crecer, madurar y disfrutar de momentos agradables a lo largo del tiempo.

Y quizás con el trato continúo lleguen a convertirse en amistades duraderas que tanto escasean.

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lunes, 24 de abril de 2017

REFLEJOS


NIEVE PERFUMADA

Era la semana de primavera que con ansiedad esperaba durante todo el año. Solo siete días, tan solo siete días donde su espíritu se fundía con el perfume y la blancura de sus flores.

Todos los años desde niña acompañaba a su madre a contemplar la maravillosa hermosura de los campos de cerezos en su floración.

Entonces no alcanzaba a comprender las lágrimas que ella derramaba al admirar su belleza. Cuando le preguntaba el porqué de su llanto siempre obtenía la misma respuesta: soy feliz, no te preocupes cariño, siento que me invade una gran felicidad.

Nunca lo entendió pero cada vez que miraba un cerezo inexorablemente recordaba a su madre vestida de blanco, mimetizada con el paisaje con el rostro iluminado y bañado por perlas cristalinas. Siempre feliz.

Hasta cuando la dijeron que había muerto era primavera, su cuerpo esperó todo el año para cubrirse de nieve perfumada e inciar  el vuelo hacia otro lejano valle de cerezos.

Ahora atravesaba una crisis personal tan convulsa que su vida se había vuelto del revés como un calcetín. No hallaba consuelo ni encontraba la calma suficiente para tomar con fuerza las riendas de su vida. Todo se fue al traste.

Su compañero de pronto cogió la maleta y comenzó a llenarla con un poco de ropa incluso  las camisas colgadas de las perchas las metió. Comenzó a hacer preguntas sin obtener respuesta, tan solo un adiós que sonó hueco e hiriente y un portazo final.

Miraba a su alrededor incrédula esperando despertar de una pesadilla, el reloj con su soniquete le marcaba las horas. Su mente bullía con excusas que dieran sentido a la marcha de su marido.

En la ducha dejó correr el agua, la necesidad de limpieza gritaba por los poros de su piel. Sin embargo era el alma quién lo pedía, algo en su interior sabía que un cataclismo se aproximaba y no estaba preparada.

Sencillamente la cambió por otra persona más joven, él no se hubiese ido sin más. Le abrumaban los enfrentamientos, los problemas, por eso salió sin darle ninguna explicación.

Para ella toda su vida se la dedicó con devoción, era el centro de su existencia y ahora se había derrumbado.

Recordó el rostro de felicidad de su madre ante la floración de los cerezos, un sentimiento de envidia la invadió.

Arrastrada con la fuerza de un imán invisible se vistió subió al coche y como un autómata se dirigió al valle.

Habían florecido, sintió la paz interior abrió los brazos y comenzó a girar sin parar hasta caer rendida en el lecho de flores. Embriagada de su perfume sonrió y unas lágrimas cristalinas corrían por sus mejillas. De pronto una ráfaga de viento sacudió las ramas de los árboles cubriéndola de una hermosa y perfumada nieve blanca.

 



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sábado, 22 de abril de 2017

REFRÁN


Si hay trato, amigos pueden ser el perro y el gato.

 

SILENCIO


SÉ QUE LO SABES


Nos conocimos hace tiempo y quién nos iba a decir que pasaríamos ratos tan divertidos, casi siempre acompañados por unos vasos de café con leche y al tiempo que saboreamos un pequeño dulce.

Las charlas de lecturas variadas y tímidos escritos, con el fin de desempolvar alguna de nuestras neuronas antes de que comiencen a vaguear.

A veces escucho frases que no acierto a entender, te miro y comprendo que no han salido de tu boca. Entonces me fijo en tus ojos ellos me cuentan las palabras que no pronunciaste, sin embargo tus labios me dicen “sé que lo sabes”.

Seguimos la conversación, las ideas fluyen con ironía incluida que es música para el espíritu, baile para nuestras miradas y la antesala de las risas.

Recuerdo como empezaste a decir “sé que lo sabes” cada vez que expresabas una opinión, ahora le hemos pillado el puntito y “sé que lo sabes” nos lo decimos hasta con la mirada, entonces los ojos bailotean, los labios sonríen y de pronto las gargantas explotan en sonoras carcajadas.

Sin embargo cuando entramos en conversaciones convencionales con variados grupos, notamos que hay que explicar hasta las más básicas de nuestras opiniones, da la impresión que no han crecido al mismo tiempo su  cuerpo y su mente.

Según  parece necesitan demasiadas explicaciones lo que resulta agotador, a veces, solo a veces cuando tenemos un día atravesado  una de dos, o nos callamos mordiéndonos la lengua o salen de nuestros labios palabras que mejor hubiera sido no pronunciar.

Como nosotros con pocas frases expresamos ideas y opiniones claras con rapidez, a eso lo llaman que “sé que lo sabes” compenetración, comunicación mental, agilidad de pensamiento.

Sin embargo sabemos, que sí, que lo sabemos, que gozamos de  un agudo sentido del humor, lo que a menudo nos lleva a tener unos momentos divertidos. Cuando esas situaciones ocurren simplemente las disfrutamos y sonreímos.


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miércoles, 19 de abril de 2017

REFRÁN


Marzo ventoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso.

MÁSTILES


BLANCO Y AZUL


EL NAVEGANTE

Henar  fue invitada  a una expedición arqueológica internacional. Con la música por  compañera, inició el largo camino a Carcassonne.
Al llegar la expedición había iniciado los trabajos, con el polvo, las piedras, los cuadrantes delimitándolo todo, las tiendas de campaña por cobijo para resguardarse del frío nocturno de las montañas.
Se calzó las botas cogió una paleta y se puso a escarbar despacio, sería por la suerte del principiante, enseguida halló un aro metálico lo limpió y terminó poniéndoselo en la muñeca.
A los pocos días comenzó a sentir que se encontraba en otro tiempo siendo otra persona. Mientras dormía escuchaba relatos que la despertaban causándole gran inquietud.
Una fuerza extraña la llevaba hacia la cueva más recóndita, donde los trabajos estaban por iniciarse. Al entrar experimentó un vahído que la arrastraba a las profundidades, intentó agarrarse a una piedra y entonces descubrió un anillo que misteriosamente la salvó.
Observó el dibujo que lo adornaba le parecía un laberinto, muy original y se lo puso, entonces envejeció a pasos agigantados asustada se lo quitó y lo lanzó al abismo.

Los responsables de la excavación notaron su esquivo comportamiento y comenzaron a seguirla pues pensaron que habría hallado algo valioso e intentaría deshacerse de ello. Cada noche se repetían escenas de una vida desconocida que la empujaban hacia ella. Tenía que encontrar una salida.

A la mañana siguiente fue a la cueva, comenzó a escarbar sin ton ni son por todos los rincones. Nerviosa daba vueltas a su alrededor, con el polvo que levantaba la visibilidad disminuía, con la garganta seca, los ojos irritados y empapada de sudor corrió hacia la balsa y se zambulló en el agua fría.

Los restos de una civilización ancestral comenzaron hacerse evidentes, sus visiones se aclaraban, al fin pudo relacionarlo. Se trataba de los cátaros por cuya religión fueron  perseguidos  hasta ser eliminados.

De eso trataba al fin la expedición, tanto misterio y secretismo la habían hecho creer que serían cosas de dudosa legalidad. Lo que no alcanzaba a comprender era la manifestación de las visiones de tan cruenta batalla.

Le revelaban conocimientos de plantas y de las pociones que solo utilizaba la “sacerdotisa” del pueblo. Guardaba el libro de los conocimientos de generaciones y ella era la última, tendría que enseñar a la más dotada para llevar a cabo su misión. La cual lo protegería con su vida.

Un anciano la observaba mientras recogía plantas y flores, hasta que halló la ocasión para relatarle como ella era el próximo navegante de los cátaros y la guardiana de todos los conocimientos ancestrales, que protegería con su propia vida si fuese necesario; hasta que se le revelase el próximo navegante.

La llevó a la cueva descubrió un laberinto grabado en la piedra, la tomó de la mano y se introdujeron en él, entonces experimentó un aumento progresivo del conocimiento de tantos siglos.

Miró al anciano y solo vió los ropajes que vistió, volvió a cubrir el laberinto, cuando  estuvo escondido sacudió sus manos y al hacerlo comprobó como el anillo había vuelto a su dedo. Asustada regresó a su coche, pisó a fondo el acelerador huyendo a toda prisa Carcasonne.

 

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lunes, 17 de abril de 2017

TARDES DE CINE


Era un domingo soporífero y como cada tarde de fiesta nos reunimos a ver una película junto a unas tazas de té y unas galletitas.

Su afición cinéfila la llevaba a ver un montón de veces la misma película, tantas que sabía de memoria los diálogos; y a mí me estaba contagiando  la costumbre de visionar cintas antiguas a veces en versión original.

Antes de conectar el disco extraíble hicimos un poco de zapin por si en la televisión nos sorprendían con alguna “joya”. De pronto me dijo: Laurence de Arabia.

Puse el disco extraíble a funcionar y le pasé el mando mientras preparaba el té en la cocina.

Sentadas y con las humeantes tazas en la mesa comenzamos nuestra peculiar tarde de domingo.

Fascinadas por los planos de las olas de arena del desierto sahariano y las luchas de los tuaregs, blandiendo sus espadas tabouka  se confundían con los gritos de su tribu.

Entre sorbo y sorbo, galleta y galleta, no me dí cuenta que ella mantenía los ojos abiertos sin parpadear e inmóvil; pensé “qué concentrada está”, sin atreverme a molestarla; de vez en cuando la miraba y continuaba estática.

Con los títulos de crédito y la banda sonora parecía que la habían traído al presente.

— ¿Te diste cuenta como me escondí?—

— ¿Cómo?— le pregunté desconcertada.

—Sí, entré en la tienda y me oculté detrás de los baúles cuando un tuareg comenzó a saquear nuestras cosas. Después uno de ellos revolvió el interior, no sé que buscaba pero no lo encontró. Le molestaba mucho la arena ya que comenzó a despojarse de su ropa y sacudirla; entonces vi con asombro que era diferente, su piel de color azul rivalizaba con el color de sus ojos.

Profundos e inquietantes tan bellos como el mar, creo estar hechizada por su luz, necesito verlos de nuevo.

— ¿Y qué pasó luego?—

—Se frotó el cuerpo, se vistió, miró a su alrededor y se marchó. ¡Como me hubiese gustado que me llevase con él!— suspiró.

No salía de mi asombro ante semejantes comentarios, parecía que hubiese vivido otra experiencia dentro de la película, estaba trastocada y yo sin saber qué hacer.

Bebió el té frío, comió una galleta me miró fijamente y me dijo: Me voy al Sahara, tengo que encontrar esos ojos.

 

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CUATRO ROSAS BLANCAS


sábado, 15 de abril de 2017

BIFURCACIÓN


ROSAS NEGRAS


   Siempre pensé que las rosas negras no existían en la naturaleza y todo era debido a las técnicas de laboratorio.

   El día de difuntos se aproximaba me pareció original y apropiado comprar un par de ellas y ponerlas en la tumba de mi madre. Nunca me había acercado por allí desde el fatídico día que se marchó.

   Por eso un par de rosas negras nos identifican a las dos. A ella no le gustaba “sentir” el peso de la tierra y pidió ser enterrada en un nicho, seguro que de estar viva hubiera querido la incineración.

  Así que llevada de mi habitual curiosidad de las cosas y si son raras o extrañas todavía más, por ello investigué entre libros de botánica e Internet hasta quedar satisfecha.

   Las rosas negras sí existen en la naturaleza, aunque son extrañas solo crecen en pequeñas cantidades en una aldea de Turquía por las aguas subterráneas que se filtran desde el río Eúfrates.

  Debido al ph del suelo permite que el color carmesí de la rosa se convierta en negro, pero es muy raro que solo aparezcan negras en los meses de verano.

Después de cincuenta años añorándola cada día, no he vuelto a su casa y no creo que lo haga jamás. La siento viva dentro de mi y nuestras conversaciones nocturnas la ponen al día de nuestra familia, de la que  ella conoció, ya muchos la hacen compañía y de los neófitos que perduran nuestra saga.

Sin embargo cuando veo rosas negras me recuerdan lo lejos que se fue y como su recuerdo a pesar de transmitirlo a sus bisnietos, se va difuminando…

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ESFUERZO Y ENTREGA


No somos super mujeres, solo personas que por amor se entregan sin medida. Craso error. Conforme van pasando los años el peso sobre nuestras espaldas nos va agotando, no solo física si no también emocional.
El cuerpo se rebela, nos sentimos enfermas con pequeñas cosas que no relacionamos su causa.
Ahora trabajamos fuera y dentro del hogar, seguimos llevando todo el peso ¿y en qué nos hemos liberado? Cuando pedimos que se compartan las tareas, siempre o casi siempre hacen lo más nimio.
A veces solo a veces se involucran en el verdadero esfuerzo que significa sacar día a día la familia adelante. Eso en el mejor de los casos, porque luego están los que lo hacen mal a propósito para que les digas: quita que ya lo hago yo.
Mira si son listos, así si en un momento te quejas su respuesta es inmediata: claro como no dejas que te ayude…
Otros al comprobar el esfuerzo y entrega que supone, poco a poco van dejando algunas de las tareas y cuando nos damos cuenta hemos vuelto a cargar con todos los quehaceres.
Volvemos a requerir su colaboración, entonces es cuando sus excusas fluyen de sus bocas en cascada. Que si su trabajo es agotador, que si tienen quedarse más horas, que si….que si…
Total que lo que comenzó con un gran amor para compartir la vida, resulta que termina convirtiéndose a efectos prácticos en la madre de todos, sin tiempo para ella y con todas las obligaciones.
También están los que verdaderamente se comprometen, cuidan la familia y la pareja con mimo, hasta con devoción. Qué los hay ¡Pero son tan pocos...!
Todo esto ha sido hasta ahora, por que las cosas cambian de forma vertiginosa y tanto nos liberamos, nos queremos igualar tanto, que copiamos estos comportamientos deleznables.
No se trata de hacer lo mismo si no de coger lo mejor de cada uno para enriquecernos y dejar un futuro mejor a las siguientes generaciones.

Sin embargo no nos damos cuenta o quizás miramos para otro lado, que todos los hombres tienen madre y muchas conductas se las hemos inculcado las mujeres.

Les sobre protegemos porque sentimos que cuando tengan pareja nos los roban, pasan a ser de otra, esa idea de ver una rival en lugar de una compañera de nuestro hijo hace que solo nos quejemos sin ahondar en el origen.

Ahí creo que podemos hacer algo, aunque sea poco a poco el machismo lo iríamos erradicando. Ya se dice que el machismo de una mujer es más agresivo que el de un hombre.

Todo en la vida es cíclico, lo que con tanto esfuerzo hemos avanzado en el siglo pasado y principios de éste, parece que se debilita a pasos agigantados. Pues los adolescentes de hoy no están dispuestos a dejarse arrebatar los “derechos adquiridos” y repiten con fuerza renovada los clichés de sus abuelos.

Mucho cuidado o escucharemos nuevamente eso de “la mujer en casa y con la pata quebrada”. Desde luego no me gustaría ver a esas nuevas generaciones de mujeres retroceder tanto. Hagamos que no llegue a suceder.
 
 

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viernes, 14 de abril de 2017

W.TURNER


LA PASIÓN DE ESCRIBIR

 Estaba interna en un colegio de religiosas, entonces no había teléfonos en los hogares y la correspondencia con los familiares era epistolar.

       Fue entonces cuando aprendí a describir la vida monótona del internado, las redacciones que nos mandaban, los deberes sobre la lectura del día me habituaron de forma instintiva a plasmar en palabras mi mundo imaginario.

      Sin darme cuenta me fui aficionando a la lectura daba lo mismo fuera poesía, teatro o prosa. Cualquiera que cayera en mis manos era materialmente devorado en horas. Incluso en las vacaciones a la hora de comer lo hacía con un libro al lado y luego venían las regañinas de costumbre.

    Todavía hoy cuando leo por las noches en la cama en vez de adormecerme me espabilo y me dan las claras del día con el libro entre las manos,  con un tazón de café descafeinado en la mesilla.

    Después ando de cabeza las veinticuatro horas, pero lo que he disfrutado durante ese tiempo no tiene precio.

    Cuando me cambiaron de colegio en el último curso de bachillerato, me sorprendieron gratamente los concursos de música y literatura que se realizaban al aproximarse las vacaciones de Navidad.

    Todos los trabajos tenían que ser anónimos y hacia la festividad de la Inmaculada se fallaban los ganadores, con una fiesta por todo lo alto, donde acudían los familiares.

     La casualidad quiso que el primer premio de literatura lo ganase yo, al salir a leerlo  en el escenario del salón de actos ante tanta gente comencé a ponerme nerviosa y a la mitad del relato lloraba a moco tendido, sentí el abrazo cálido y reconfortante de una monja  mientras lo finalizaba.

    Era la primera vez que los demás me admiraban y reconocían mi trabajo. Nunca podré olvidar el título “La pequeña Dorrit” de Charles Dickens. A partir de ese instante seguí escribiendo todo lo que pasaba por mi descabellada imaginación.

    Hasta que por motivos que no vienen al caso, ese inicio de escritora se interrumpió por una muy, muy larga temporada, es decir hasta hace los sesenta años que asistí a un taller de escritura creativa.

    Con casi todo olvidado me atreví inconsciente de mí, a juntar letras que contaran alguna historia sin otra pretensión que  distrajera a mis nietos.

   Pero gracias a las personas que se van cruzando en mi camino he ido aprendiendo ahora en esa tarea estoy.

    La curiosidad sempiterna  conduce mi vida y me lleva a seguir aprendiendo un poquito más de cualquier persona. Lo que comenzó siendo una pasión ahora se transformó en una bendita  y tranquila afición que está llenando de satisfacción buena parte de mis largos días.
 
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lunes, 10 de abril de 2017

EL ESPEJO IMAGINARIO


Me levanto una mañana más con el despertador apagado, será que mi cuerpo se ha acostumbrado a la hora y no necesita del ruido adicional para resurgir de la noche.

Siempre la misma monotonía para ir al trabajo. La vuelta a casa con el mismo libro en las manos, parece que en lugar de avanzar retrocedo en su lectura.

Al entrar hallo todo del mismo modo, por no haber no hay una mota de polvo en ningún mueble, todo está impoluto como si alguien acabara de poner orden, hasta los cristales brillan de tal modo que no existieran.

Estoy sola, no se escucha ningún ruido ni siquiera el teléfono, la tele sigue apagada y el portátil abierto se ha puesto en negro.

Todo está en su lugar por mucho que mis ojos intenten descubrir alguna anomalía, no la encuentran. Me siento tan feliz… Que hasta me resulta extraño.

Sin embargo no necesito ir a la compra, ¡qué bien con lo molesto que me resulta!

Después de dar otra vuelta por la casa parece que floto, “he debido de adelgazar y no me enterado”.

Voy a salir siento la necesidad del aire en mi rostro y como de costumbre cojo las llaves, voy a echar mi último vistazo en el espejo, ¡oh cielos, estoy dentro!



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sábado, 8 de abril de 2017

DECIR LA VERDAD


Nos movemos entre aguas procelosas, haciendo equilibrios  circenses para ocultar nuestras opiniones más íntimas, deseos inconfesables y los miedos más terribles.

La mentira se adueña de nuestras vidas, unas veces por cortesía otras por no involucrarnos y las más por mantener nuestro personaje teatral, marcar distancia como un escudo protector.

¿Dónde ha quedado el valor de la sinceridad? Ha llegado el tiempo “del todo vale” para conseguir objetivos materiales y prevalecer el ego desmesurado.

Cuando escuchamos la verdad dudo que la sepamos reconocer, estamos tan inmersos en los convencionalismos que nos agrupamos con los que creemos que son de nuestra opinión, cerrando de ese modo las puertas a enriquecernos de otras personas que pueden descubrirnos facetas de nosotros que desconocíamos hasta entonces.

Hacernos más “sabios”, prudentes y despertar nuevas formas de evolucionar.

Cada uno con las experiencias acumuladas y poderlas expresar sin tapujos, sin miedo a ser juzgado, somos personas con defectos y virtudes. Andando un camino a veces más largo para unos que para otros, pero todos cumpliendo la misión de enriquecernos y aportar lo mejor de cada uno.

En la hora del adiós sentir que hemos dejado algo bueno de nosotros en cada ser que se cruzó en nuestro camino, porque fuimos “verdad”.

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jueves, 6 de abril de 2017

FLORES DE ALQUILER


A finales del año dos mil ocho su padre sospechaba que las facturas de las instituciones oficiales a duras penas las iba a cobrar. La crisis comenzaba hacer estragos en los pequeños negocios.

Después de la Navidad habría que buscar nuevos horizontes para sobrevivir ante los duros tiempos que se avecinaban.

La niña de papá siempre iba a la última, con su ropa de marca, el móvil último modelo y su Porche rojo del que tan orgullosa se sentía. Ahora se rebelaba contra sus padres al ver alterado su ritmo de vida.

Su madre empeñó algunas joyas y con el dinero que fue guardando sin saberlo su marido, alquiló un chalet a las afueras de Madrid. Lo decoró con todo lujo de detalles para recibir a sus ilustres invitados.

A las fiestas que acudían procuraba dejar su tarjeta en las manos de los caballeros. El anzuelo estaba echado y había creado un lucrativo negocio.

Las jóvenes de una clase media depauperada vieron en ello una forma rápida de engrosar su economía.

Mientras estudiaban se codeaban con personas influyentes, rodeadas de lujo y viajes sorprendentes. Todo tenía un precio.

La mujer inyectaba parte de los recursos en la empresa familiar para mantener su estatus al mismo tiempo que sus clientes hacían negocios con la empresa.

Ella  daba grandes fiestas para dar a conocer a las nuevas jóvenes que su hija convencía. Como si fuera una feria de ganado, donde los billetes corrían como el champán.

Cierta noche un grupo de caballeros acudieron a un restaurante de lo más chic y selecto de la ciudad, donde les esperaban sus acompañantes a cual más despampanante.

Al sentarse a la mesa los ojos del padre e hija se taladraban ante la sorpresa de ambos. El disimulo se imponía. Comenzaba la puesta en escena de una obra sin autor y sin ensayo.

Ahora todo cobraba sentido para él, no era por su buen hacer en los negocios por lo que prosperaba, sino por la empresa más antigua que su mujer puso en marcha.

Después de las primeras horas bochornosas en que su ego se sintió humillado, ultrajado y despreciado, pensó que en realidad eso era lo de menos mientras todos conservaran su alto estatus social.

Los papeles estaban claros por primera vez en mucho tiempo, su vida continuaba sin las preocupaciones del pasado.

Las jóvenes iban cambiando a medida que sus objetivos se fueron cumpliendo. La farsa de la vida debe continuar.

 
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BURGO DE OSMA


                                    Desde el puente del río Ucero.