domingo, 13 de noviembre de 2016

EL VECINO DE ENFRENTE


Después de tantos años en la misma calle nunca se había parado a pensar en los vecinos de la acera de enfrente, claro que tampoco en los de la suya. Al llegar la primavera solía salir a la terraza a tumbarse en la hamaca para recibir los primeros rayos de sol, con un libro de “papel” entre las manos.

La distancia era tan pequeña que todos los balcones estaban cubiertos por sendos toldos de color verde, con la doble función de proteger  del sol en el verano y de las curiosas miradas durante todo el año.

Un día tras otro se asomaba a la terraza  por el hueco lateral para observar los pájaros y los jardines de la urbanización.

Un domingo miró al frente y notó que algo había cambiado, no sabía el que, pero extrañada sintió que ya no estaba todo igual. Pasaron varias semanas y seguía con esa leve inquietud que le molestaba, cada tarde que salía a leer miraba al edificio de enfrente hasta que de pronto cayó en la cuenta que su compañero de lectura había dejado vacío su lugar en aquella terraza.

La costumbre de verlo sentado cada tarde, incluso los fines de semana hasta oscurecer, siempre con un libro o el periódico entre las manos, y sus pies  colgando entre los barrotes del balcón. Había conseguido mimetizarle con el paisaje.

Esa tarde comenzó a pensar en su nombre, de donde sería? en su trabajo, si viviría solo, que cosas le gustarían, bueno una sí, la lectura. Así continuó un buen rato hasta que la noche extendió su manto y entonces ella echó una última mirada aquel lugar como despidiéndose de su compañero; observando que todo estaba cerrado y oscuro.

Dentro de poco otras personas ocuparían su lugar y la vida continuaría su marcha implacable.

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5 comentarios:

  1. Nos acostumbramos a ver sin mirar sin reparar en lo que tenemos y nos rodea hasta que el paisaje cambia y entonces despiertan las interrogantes. Un gran relato Toñi. Abrazos y buen comienzo de semana.

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    1. Gracias Marina me alegra que te guste por que soy directa y eso no a todos les satisface leer. Besitos

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  2. Buenísimo. Delicado, preciso, incisivo... Solemos pasar de puntillas por lo cotidiano, sin prestar atención a lo que nos es más cercano, cuando precisamente es lo que comparte nuestra vida. Hasta que algo cambia, imperceptible. Solo la pérdida da valor a las cosas. ¡Enhorabuena!

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    1. Gracias por tu enriquecedor comentario y felicidades a ti por tu sensibilidad. U abrazo.

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  3. A veces vamos tan metidos en nuestro mundo y no reparamos en que hay vida enfrente, cada casa con sus vecinos y sus realidades, Solo los cotillas se enteran de todo. Yo solo suelo saludar a mis vecinos de enfrente cuando los veo en la calle. Poco se de sus vidas, solo se que están allí. Un
    abrazo

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