domingo, 31 de julio de 2016

CALLES MOJADAS

Era finales de mayo y una fina lluvia golpeaba los cristales, Estel miraba hipnotizada como resbalaban las gotas formando riachuelos por el cristal hasta morir en el alfeizar de la ventana.

Los días lluviosos la ponían nostálgica y somnolienta a la vez, le costaba mantener los ojos abiertos. Deseaba que llegara la noche para acurrucarse en la cama.

Ella vivía en mundos imaginarios fruto de su fantasía que la llenaban de calma y manejaba a su antojo. Con increíble nitidez plasmaba en la mente paisajes y personajes de tiempos pretéritos.

Esa noche sin embargo no conseguía conciliar el sueño, las horas pasaban lentas y su mundo  parecía dormido.

El ritmo de las gotas chocando en los cristales hizo que se levantara a oscuras por toda la casa hasta llegar a la terraza cubierta, desde allí observaba las luces de otras casas. Saltaba de una ventana a otra viendo las sombras o las figuras de sus moradores.

Poco a poco aquellas luces se apagaban, el reino de la oscuridad se adueñaba de la vida, solo algunas farolas iluminaban las calles mojadas.

De pronto toda una vivienda se iluminó y vio unas sombras que gesticulaban amenazadoras ello llamó su atención, contó dos hombres y una mujer cuando se enzarzaron en una pelea y un enorme cuchillo apareció en lo alto hasta que se hundió en el cuerpo femenino.

Se estremeció al darse cuenta que acababa de presenciar un asesinato. Asustada, temblando cual hoja mecida por el viento, se acurrucó en la cama e intentaba calmar su respiración al tiempo que su mente repasaba cada instantánea de los recientes acontecimientos.

Estaba segura de lo que había visto tendría que llamar a la policía y denunciarlo. ¿Pero qué datos les contaría? En realidad solo eran sombras, gestos y una mano amenazadora con un cuchillo, ni número, ni piso y quizás ni el nombre de la calle.

De madrugada y con el tintineo de la lluvia pudiera ser que estuviera adormilada. Esperaría a los informativos entonces se acercaría a la comisaría.

Los días transcurrían monótonos para Estel, la vida del barrio continuaba como siempre, sin rumores del suceso de aquella terrible noche. Se alegró de no seguir su impulso de acudir a la policía ello solo le hubiera causado  problemas y hasta la llamarían loca.

Las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina le apetecía sentir el mar, perderse en él o mejor aún estar entre sus dos inmensidades favoritas.

Los noticiarios no dejaban de informar sobre una inminente erupción del Etna, a ella le fascinaban los volcanes devoraba cada documental de televisión por si no fuera suficiente buscaba todos los reportajes de youtube.

En una reunión con los amigos hablando de los destinos de cada uno, Estel les comentó su idea de pasar unos días en Sicilia para observar al Etna.

Ante la extrañeza de ellos continuó con su explicación y sus motivos curiosos de admirar la fuerza de la Tierra para después visitar los restos de la antigua colonia griega.

A Pedro, Ángel y Carmen les encantó la idea, serían unas vacaciones verdaderamente estupendas y diferentes.
Con todo previsto las chicas salieron de compras ya se sabe por lo de " así me dices como me queda".
Llegó el día con los nervios a flor de piel pues las noticias que llegaban no eran tranquilizadoras, se subieron al avión que en pocas horas les llevaría a Italia.

Una vez en el hotel les calmaron al decirles que llevaba mucho tiempo así y que los vulcanólogos les informaban de la evolución del Etna para desalojar.

A la mañana siguiente al amanecer se levantaron y se fueron en busca del guía que les acercaría a los límites permitidos del volcán.

Su imagen majestuosa lo dominaba todo, las fumarolas y las pequeñas explosiones les estremecían a la vez que a ella le fascinaba, tenía ante sí la fuerza interior de la Tierra que hablaba por la boca del Etna.

Sentados en las piedras sin poder desviar las miradas del volcán ni articular palabra ante el fenómeno que tenían delante. El guía les sugirió bajar por el lado contrario al que subieron para que conocieran  los pueblos que existían en su  falda.

En el trayecto les contaba como en la mitología griega en el Etna se situaban las fraguas de Hefesto que trabajaba con cíclopes y gigantes. Debajo de la montaña dormía el monstruoso Tifón causante de los frecuentes terremotos y erupciones.

También se cuenta que  en el Etna murió el filósofo Empédocles que saltó  al volcán para probar que era un dios inmortal.

Les resultó una excursión de lo más provechosa en todos los aspectos desde luego la comida era fabulosa parecida a la española si no fuera por la cantidad y variedad de pasta que comen.

Fueron al hotel a recoger sus pertenencias para ir a la capital de Sicilia cuyo nombre deriva de los antiguos pobladores los sículos y sicanos. Una vez instalados en la nueva hospedería se dirigieron al centro de la ciudad para ir a visitar la villa romana del Casal. Es muy conocida por poseer los  mosaicos mejor conservados de la época romana.

Al día siguiente se desplazaron a Siracusa. Después visitaron Taormina  fundada por los colonos huidos de Naxos. Ya se acababan las vacaciones y regresaron a Catania cuya historia les atraía al estar dominada por su “majestad”.

Sentados en el avión con destino a Madrid llenos de buen humor satirizaban sobre algunas peculiaridades del viaje que con la rapidez que se desplazaban no daba tiempo a comentar.

El sueño se apoderó de ellos y al despertar estaban  en el aeropuerto de Barajas. La lluvia templada les recibía a modo de leve refresco.

La semana continuaba con las tormentas al atardecer cuyos rayos y truenos cada vez eran más imponentes, la lluvia arreciaba junto con los granizos y de nuevo Estel se quedó sentada tras los cristales contemplando el tintineo de las gotas y los golpes de las bolitas de anís.

Avanzada la madrugada un golpe seco hizo que se asustara y fue hacia donde provenía, cuando dos hombres invadieron su hogar. Se defendía gritándoles: ¡Fuera de mi casa! Por toda respuesta recibió un golpe que le hizo perder el equilibrio. Una vez en el suelo comenzó a patalearla, a duras penas se escabulló para coger la amatista que adornaba el aparador.

La arrojó contra el hombre mientras el otro iba a la cocina, esto agravó la situación cuando se quiso dar cuenta estaba arrinconada y la luz se apagó. Entonces un relámpago iluminó la habitación y una hoja acerada se hundió  en su pecho.

 
                                                     Bajada de la red.


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