martes, 19 de abril de 2016

LEYENDA DE SAN ATILANO


     En mi último viaje a Zamora dí un largo paseo por la ribera del Duero escrutando cada árbol, cada piedra, deseaba oír sus historias y leyendas. Así fue como vi unas enormes piedras que sobresalían del agua en su margen izquierda.

   Entonces un hombre al verme con la cámara disparar una y otra vez me dijo: ¿sabe la leyenda? Ante mi negativa, él solícito comenzó a decir: Siendo Atilano obispo de Zamora cometió graves pecados y arrepentido decidió ir a Roma a confesar.

   Al llegar al puente de piedra arrojó su anillo al río mientras decía “cuando este anillo vuelva a mi dedo y este puente esté lo de arriba para abajo, mis pecados me serán perdonados”.

    A su regreso de Roma llegó muy tarde a una posada y pidió algo de cenar, la posadera respondió que solo tenía unos peces sin limpiar y  un poco de pan.

    Se levantó del banco y siguió a la posadera a la cocina para ayudarla a limpiar los peces; al meter el pulgar en la tripa del primero notó que en el dedo se había introducido algo, al sacarlo vio con asombro que era su anillo en ese instante un gran ruido atronó la ciudad.

   Salieron a comprobar el origen de semejante estruendo y el viejo puente de piedra se había caído. Las campanas de todas las iglesias y conventos de Zamora repicaron al unísono.

     El obispo entonces pensó que Dios le perdonaba y a partir de entonces consagró su vida a cuidar de los más necesitados.

El puente lleva su nombre aunque solo queden unas piedras para recordarlo.

  

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