viernes, 22 de abril de 2016

JUAN, EL ZAHORÍ

   Juan vivía en San Andrés y durante la Semana Santa llegaban los frailes a realizar los sagrados oficios, una mañana uno de ellos lo llevó al campo y dándole una rama de olivo en forma de V le dijo que peinara el terreno muy despacio.
   Por algunas zonas la punta se levantaba como si una fuerza invisible la empujara. El fraile le explicó que tenía el don de captar la energía del agua subterránea le habló de los zahories y de la sabiduría ancestral que guardaban.
   Con los años Juan se convirtió en un experto las varas de olivo, los péndulos y las barritas de cobre de convirtieron en sus inseparables compañeros de paseo por el campo.
  Desde entonces se dedicó a señalar innumerables pozos por toda la comarca sobre todo en los años de sequía.
  Juan recorre con dos varas finas de cobre en las manos una finca enorme en el término de San Andrés, anda con paso tranquilo de repente y sin mover las manos las varas se cruzan como si un campo magnético las empujara a unirse.
   Marca con una piedra el lugar  vuelve sobre sus pasos caminando despacio y de nuevo las varas se disparan con estrépito. Se detiene y comprueba que es el mismo lugar que la vez ante anterior, entonces lo señala con varias piedras haciendo un montículo para no equivocarse.
Ha encontrado la corriente de agua ahora solo queda perforar con las máquinas y saber a qué profundidad se halla.
  No lo hace por un interés económico prefiere brindar su ayuda a sus convecinos y aliviar su duro trabajo; todos los habitantes de San Andrés colaboraban en mejorar las condiciones de vida del pueblo.
  Juan enseñaba a sus nietos con mucha paciencia y contándoles parte de aquella historia que a él le motivó a ejercer su don. Los niños le miraban con ojos asombrados y con interés desmedido, que le llevó a buscar un libro de historia antigua sobre Mesopotamia.
  Su búsqueda incansable del agua subterránea y así construir canales que los abastecieran para asentarse y crear la gran ciudad de Persépolis que sería el germen de un gran imperio.
  Antonio fascinado por el relato y que tenía  como su abuelo la capacidad de hallar el agua, procuraba  desarrollarla sin desfallecer mientras los demás se entretenían con juegos. Quizás su futuro estaba diseñado.


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1 comentario:

  1. Bonito relato. cada vez encontramos menos zahoríes,están en vías de extinción. Una pena. Saludos.

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