martes, 29 de marzo de 2016

UN NUEVO CAMBIO

   Las madres ayudadas por sus hijas arreglaban las casas y hacían dulces que  probaban con fruición. Los corderitos estaban a las puertas de su día final.  Asado en horno de leña en unas grandes cazuelas de barro se convertía en  plato extraordinario que acompañado de hermosas y llamativas ensaladeras llenas de hortalizas de colores vivos invitaban a devorarlas. 
     Con el vino de la vendimia anterior se regaban las opíparas comidas y a los niños se les mezclaba con gaseosa (que se hacía disolviendo el contenido de unos sobres  en agua).
       Los días de gozo  dieron paso al trabjo de reparar los aperos para la próxima vendimia. Era síntoma inequívoco de que las jornadas de asueto se acababan para Juana Mª.
     El cinco de octubre tomaría el autobús con su maleta repleta de ropa y  otras  muchas cosas preparadas por la abuela.
      La querían con locura ellos le contaban cantidad de historias de la familia  sobre todo lo referente a la infancia materna.
     La decían que los ausentes mientras les llevemos en el corazón y hablemos de ellos éstos permanecerán entre nosotros.
     Los rumores sobre los problemas en la comunidad de religiosas corrían cómo la pólvora, la Madre Superiora se encontraba muy enferma tanto que a los pocos días falleció. Fueron unas semanas raras la atmósfera estaba impregnada de tristeza.    
  De pronto el bullicio desapareció y la clase de música de Juana Mª también. En el mes de junio  les dieron la peor de las noticias no podrían volver al colegio al curso siguiente. Tendrían que buscar otro  para continuar sus estudios.
    Sin pedirle su opinión sobre la ubicación se enteró cuando la acompañaron en un taxi al nuevo centro. Al llegar comprobó que no se parecía en nada al antiguo colegio, este era  un edificio moderno con las últimas comodidades y grandes ventanales que dejaban pasar el paisaje dentro.
     Ver el Moncayo cubierto de nieve durante el invierno y en la primavera gozar de sus hermosos cambios cromáticos, cosa que siempre le fascinaban.
   Juana Mª se integró mejor de lo previsto aunque el ambiente era muy diferente  y la relación con las religiosas más distante.
    De vez en cuando había alguna ocasión para hacer bromas inocentes y pasar un momento relajado.
   La Madre Lucrecia  era muy mayor cuando la veían subiendo la escalera la preguntaban: Madre, ¿quién es la más guapa? y ella les respondía— todas hijas mías, todas sois muy guapas pero cada una en su  estilo— las niñas reían a carcajadas.
  
FIN

    ©  Todo los drchos.                                                                                           

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