martes, 29 de marzo de 2016

EN EL INTERNADO

     Después de recorrer todo el colegio en seguida se quedó sola. Entró en el dormitorio grande y alargado, a la izquierda se hallaban dos celdas en las que dormían las monjas que las vigilaban durante la noche; le asignaron una  cama que desde entonces sería la suya a su cabecera una tosca mesilla  que  compartía con la otra cama.
     Desató su colchón de lana hecho por su abuela comenzó a hacer su cama antes de bajar a las clases. Nada más ocupar su sitio la  hicieron  un examen de todos sus conocimientos.
   Se examinaban de Ingreso en Madrid, querían incluirla en ese curso para que fuera con las niñas de la  edad. Como no diera tiempo a matricularse  en el instituto Beatriz Galindo  la llevaron a la sede central de las religiosas y allí el trece de junio la examinaron.
   Regresaron de Madrid  y esperaban sus notas con impaciencia para irse de  vacaciones.
    Cuando llegó al pueblo todavía los niños seguían yendo a la escuela como se aburría en casa decidió ir ella también.
    Los amigos no comprendían porqué iba si ya tenía vacaciones ellos por descontado no irían. Todos tenían hermanos y ella no.
     Estaba rodeada de personas ancianas necesitaba jugar con los amigos, los primos y hablar con gente joven sobre todo con María la que otrora fuera amiga de su madre. ¡Cómo la echaba a faltar! …, se pasaba las noches en el patio de la casa mirando las estrellas en busca de la más reluciente por si en ella se encontrara su madre.
    En su desbordante imaginación construía aventuras y mundos que le gustaría recorrer lo convertía en su momento evasión, le fascinaba  poder crear su universo particular en el que nadie osara entrometerse.
    El otoño frío y húmedo traspasaba los muros del viejo caserón, ahora llevaba una bolsa de agua caliente para entrar en calor cuando fuera a la cama. Después de la cena las religiosas jugaban con las niñas para fomentar una buena convivencia y a la vez entrar en calor.
   Los domingos por la tarde abrían la clase de parvulitos en la planta baja para que entraran todos los niños y niñas que quisieran a bailar.
     Pero el primero de bachillerato se le hizo muy, muy duro no por los contenidos didácticos, si no de tipo emocional…, ahora es cuando verdaderamente echaba en falta a su madre.


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