miércoles, 30 de diciembre de 2015

CUÉNTAME UNA HISTORIA

        Con el pelo blanco, el rostro surcado por el arado de la vida y la mirada fija a través de la ventana María estaba esperando con anhelo la visita de su nieta. Belén había crecido escuchando  las anécdotas de su lejana infancia. Lo que comenzó como un juego infantil  se fue convirtiendo en un cordón invisible de complicidad entre las dos.
         En su visita anterior Belén  insistió  en escuchar una nueva historia atendiendo su deseo le comentó que mejor que imaginarla sería ir a buscarla.
        El coche rojo que  conocía acababa de aparcar delante de la residencia con paso ligero la joven traspasó el umbral  recogieron el bolso  para pasar el fin de semana y se alejaron.
         Belén miraba de reojo a su abuela la encontraba más callada que de costumbre lo cual comenzó a inquietarla. A medida que la distancia hacia el pueblo se acortaba María comenzó a contarle los recuerdos de los paisajes que recorrían.
      Fernando primo de María subió a las bodegas para preparar los sarmientos las parrillas y las chuletas de cordero que por allí era la típica merienda de las reuniones familiares. Las brasas doraban la suculenta carne imprimiéndole un sabor especial. Entre el pan, las chuletas y un trago del vino fresco de la bodega cada cual iba desgranando anécdotas y sucedidos que recordaban de sus ancestros.
    Belén no había bajado nunca  Se hallaba excavada en un montículo de tierra que perteneció durante generaciones a la familia, María hacía mucho que no la recorría hasta el fondo pero sí recordaba los huecos escondidos tras los grandes toneles. Su padre siempre le contaba que uno de ellos guardaba un pequeño secreto pero nunca habían conseguido hallarlo. No había vuelto a recordarlo hasta ese momento.
    Con gran dificultad y ayudada por su nieta bajó las escaleras estaban muy reforzadas y contaban con una barandilla para facilitar el descenso. Fernando se decidió a acompañarlas con una inmensa linterna para descubrir cada hueco  detrás de los enormes barriles.
    La enorme escalera de madera  se hallaba medio escondida al  final estaba lleno de telas de arañas que retiraban con los palos de sarmiento. Pasaron las horas pero por mucho que miraron no encontraron nada salieron con el convencimiento de que si algo se escondía entre aquellos muros tendría que ser importante pues se habían tomado muchas molestias al crear tantos huecos para despistar.
     Al día siguiente se pusieron en marcha llenos de curiosidad para hallar la pista que les descubrieran el secreto que María escuchara de su padre y éste de sus antecesores. Los ojos de Belén escudriñaban cada señal o dibujo que hallaban cerca de los huecos, y por fin encontró un desgastado símbolo que se asemejaba a una rara llave. Ya tenían el indicio que tanto habían buscado ahora sólo necesitaban saber como proseguir con ella.
            Fernando recordó que  siendo muy pequeño, su tío le hacía colocarse debajo de un tonel para recolocar las tablas que le servían de apoyo. Como Belén tenía el cuerpo menudo pudo meterse bajo el barril que su primo señalaba. La joven lanzó un grito de emoción al encontrar ante sus ojos el ansiado dibujo.
     Tras capas y capas de tierra levantada por fin hallaron un cubículo diminuto pero muy protegido. Al descubrirlo encontraron un cofre de madera con adornos de metal no se atrevían a tocarlo por miedo a que la madera se deshiciera.

Con tanto polvo a la abuela le costaba respirar la ayudaron a salir de la fría y lúgubre bodega. Según alcanzaban los últimos peldaños María se giró para dar un vistazo al lugar que tantos recuerdos infantiles le traía y al volverse, se dio un golpe con el borde del arco de piedra que encuadraba la antiquísima puerta.



           La abuela miró la roca a la vez que señalaba la parte donde se dibujaba una la llave una vez en el exterior, María les recomendó buscar alguna piedra que se moviera con cierta facilidad y quizás así encontraran la llave que con tanto ahínco buscaban.


            Después de mover algunos bloques Belén consiguió ahuecar en la curva de la derecha una diminuta roca como encajada al azar, la levantó y halló una ajada bolsita de piel atada por un cordel del mismo material. Con manos temblorosas la cogió y se la entregó a su abuela, para que tuviera la satisfacción de ser la primera en ver el objeto de tan hermosa búsqueda. María, emocionada, la abrió y vio la llave que abriría el cofre que desvelaría el secreto familiar. Belén bajó las escaleras en pos de la arquilla, y una vez ante ella encajó la llave, la giró y la abrió. Ante sus perlas grises apareció un pequeño pergamino con una escritura desconocida para ella. Asombrada, quiso averiguar el significado de aquellas pocas palabras y el misterio que encerraban.
       Para ello necesitaba utilizar Internet. Recogieron todos los utensilios dejando la bodega tal cual la habían encontrado, salieron cerrando la hermosa  puerta con la no menos vieja y pesada llave.
     La joven comenzó por indagar en la heráldica de los apellidos familiares que se habían ido perdiendo. Mientras, la abuela le contaba una leyenda que había perdurado a lo largo de los tiempos ocurrida durante el destierro del Cid: en la zona donde se encontraban  había una torre que según la historia, se habían refugiado la esposa e hijas del Campeador.
    Desde dicha torre se dominaban todos los caminos e incluso había un túnel que llegaba hasta el río para abastecerse de agua. Todavía permanecían los vestigios con los nombres de entonces y muchos de los apellidos actuales eran originarios de la zona burgalesa que relata el Cantar.
    Todavía se podía contemplar el gran solar que en otro tiempo fuera la casa solariega de los antepasados de María y Fernando, con su escudo de armas y su dominio sobre las tierras circundantes. Satisfecha ante tanta información Belén la miró con ternura  y ésta comprendió que había llegado el momento de regresar. Al subir al coche,María y Fernando cruzaron unas miradas de complicidad.
     Durante el regreso Belén no cejaba de preguntar por más  detalles de la leyenda que acababa de escuchar. Ella le relataba los recuerdos infantiles que la casona le traía, las correrías con sus primos por las desvencijadas escaleras y los insólitos rincones donde se escondían huyendo de los castigos a sus infinitas travesuras.
     El viaje concluyó  las dos entraron en la habitación y su nieta la abrazó con toda la ternura de que era capaz cubriéndola de besos. Antes de irse le preguntó: “Abuela, la búsqueda de hoy ha sido cierta ¿verdad?”.

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                                     Bajada de la red.

5 comentarios:

  1. UN gran vìnculo une a nieta con la abuela: Las historias familiar y su secretos. La interrogante hecha, salva el hecho de la bùsqueda, por si acaso los olvidos.

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  2. Excelente relato me ha dejado fascinado...

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  3. Precioso relato que deja espectante a una próxima entrega...gran abrazo Toñi.

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  4. Me ha gustado el relato espero poder leer la continuación si la hay. Un abrazo

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