miércoles, 23 de diciembre de 2015

BRUMAS Y NIEBLAS


  Estos días los he pasado cómo solemos decir “cargando  las pilas” a las orillas del Duero. Aunque parezca un contrasentido he cambiado el clima levantino por el frío de la meseta castellana.

   Las nieblas persistentes durante días y algunas veces tan espesa que hubiera que blandirla con una espada cual locura quijotesca. Otras en cambio parecía una capa fina que nos envolvía llena de misterio al llegar la noche.

    Con el suelo siempre mojado como si acabase de llover y las temperaturas en su máximo esplendor invernal (-1º en pleno mediodía) a pesar de todo las echaba de menos. Después de tantos años sin sufrirlas sin embargo las añoraba, hice  un viaje fugaz por la memoria.

    Me sorprendí de lo bien que me adapté al clima, todos iban pertrechados con bufandas, guantes, gorros y por descontado con  gruesos abrigos. Y yo solo con la trenca: “qué atrevimiento ¡Qué locura ¡ con el frío que hace” escuchaba a mi paso.

  En medio de tanta humedad por fin el sol se dignó aparecer y las temperaturas se suavizaron hasta el punto de florecer las margaritas y otras de color morado. Entonces aproveché para acercarme a la ribera del río.

   Un paseo largo contemplando sus aguas que en su rumor me hablaban de tiempos pretéritos y de pronto escucho su voz diciéndome:” Tócame, hunde tus manos en mí porque  te traigo  fortaleza,  vigor  para la lucha y un poco de inspiración para el alma.”

   Me agaché hasta cubrir por completo  mis manos y con sorpresa comprobé que el agua estaba templada seguí unos segundos disfrutando de ella haciendo dibujos como cuando niña. Seguidamente las froté una y otra, y otra vez para sentir que fluían por mi piel  todos los frutos intangibles que mi ser necesitaba. Las dejé secar al aire y al sol en espera que el sortilegio surtiera efecto.

    Continué caminando por la orilla ensimismada con su rumor, bendita  banda sonora de mi existencia. El tañer de las campanas de una iglesia lejana me topó con  la realidad.

    Como si percibieran mi partida las nieblas  regresaron a despedirme pero ahora las capturé por un instante en el móvil.

    He vuelto a la tierra de la luz y del color. De tarde en tarde cuando vea las templadas brumas como un velo cernirse sobre el majestuoso castillo, recordaré los días en que las frías nieblas de mi tierra castellana lo cubren todo creando un mundo de misterio y fantasía.


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