martes, 10 de noviembre de 2015

PERSIGUIENDO UN SUEÑO


    Por fin Ernesto compró la finca que tanto tiempo deseó y suspiró complacido, tenía las escrituras en sus manos apretándolas fuerte contra su pecho mientras bajaba las escaleras de la notaria. Elucubraba cual cuento de la lechera. Fue demasiado barata por ello supuso que se hallaría muy degradada pero no imaginaba hasta que punto.
   Nunca tomaba una decisión sin meditarla varios días, como el mismo solía decir: tengo que consultarlo con la almohada. Sin embargo esta vez se dejó llevar por el impulso de vivir su sueño sin sopesar los pros y los contras, su esposa le abroncaría pero sería una de tantas aunque esta tenía motivo.
   Estaban distanciados quizás ello le influyese en la decisión de realizar su anhelado sueño era la última oportunidad y no la dejaría pasar. Movió la cabeza para alejar esos pensamientos volviendo a sonreír mientras se encaminaba hacia la finca.
  Detuvo el viejo mercedes al borde de la carretera entonces  se dio cuenta del enorme trabajo que iba a necesitar. Tras una impresión decepcionante pronto le vio la parte positiva solo era un tropiezo que solventaría con esfuerzo.
    Sus amigos del coro estarían encantados de colaborar en su proyecto  desde luego Antonio con su experiencia de arquitecto.
    Sacó del coche la cámara fotográfica y con paso firme comenzó a recorrer cada rincón de la finca capturando todo aquello que primero iba a restaurar.
   Sonó el teléfono lo miró era su mujer llevaba todo el día fuera sin dar señales de vida y estaba anocheciendo le resultaba incómodo darle explicaciones.
   Subió al automóvil y puso rumbo a la ciudad le quedaban dos horas por delante para comenzar a disfrutar de su sueño antes de llegar a casa. Sus pensamientos volaban por la finca repasando cada lugar que se mantenía habitable, sobresalía la torre medieval, una pequeña ermita, lo que parecían ser los establos eran ruinas y la otrora casa principal se caía a pedazos ni la fachada se podía restaurar.
    Limpiarla con unas máquinas, cercarla con muros de piedra, levantar los establos, construir una casa de estilo modernista con suficiente amplitud para la familia y rodeada por un bello jardín, el resto lo dejaría a la imaginación de Antonio.
  Al abrir la puerta el enfado de Elisa era manifiesto su ira la transmitía con las miradas furibundas que le dedicaba fue a beber un vaso de leche templada se metió en la cama. Durante el desayuno le comentó que no vendría a comer pues tenía un compromiso con los compañeros del coro ella asintió con un gesto por toda comunicación.  Por el trayecto imaginaba nombres para su reciente posesión y su caballo, lo quería negro, muy negro como el azabache, Azabache ese era el nombre.


 Alegre  cruzó el umbral de la cafetería donde le esperaba su amigo. Conectó la tablet donde conservaba las imágenes de la finca mostrándolas eufórico a Antonio que las observaba entre sorbo y sorbo de su taza de café, mientras Ernesto impaciente esperaba su respuesta. Después de un buen rato la devolvió y Ernesto le inquiría con la miraba tratando de disimular su inquietud. Antonio carraspeó antes de tomar la palabra: Tiene muchas posibilidades pero tendremos que volver varias veces para ir tomando medidas, situar los edificios y ver lo que se pudiese restaurar. 

   Acordaron una escapada para el próximo fin de semana y visitar los alrededores por si encontrasen algo que les inspirase.
   Al llegar a casa conectó el ordenador en busca de páginas que le ayudaran a vislumbrar el tipo de casa donde le encantaría residir los últimos años de su vida pues ya rondaba los setenta.
   Puso la llave de contacto respiró profundamente a la vez que arrancó el viejo mercedes y se fue en busca de Antonio para enseñarle in situ el germen de su sueño. Con lo charlatán que era esa mañana estaba más locuaz que de costumbre, la paciencia de Antonio daba signos de agotarse.
  Sacó las viandas del maletero y el estuche donde su amigo guardaba con esmero los utensilios y comenzaron el recorrido por la inmensa finca.
    Había tanto terreno para moldear a su antojo…Vieron un túmulo ancho de forma casi cuadrada con los lados de cemento cubierto por encima con azulejos blancos y azules, rematado en la cabecera con una jardinera de cerámica y unos lirios a punto de florecer. Lo limpiaron y se sentaron, Antonio cogió el bloc de dibujo y el lápiz comenzó a trazar líneas como un autómata.
   Ernesto lo miraba atónito era todo tan diferente a lo que deseaba que le resultaba imposible de asumir ¿acaso su amigo no recordaba los detalles que le explicó?
  Antonio cerró los ojos fatigados cuando los abrió vio desconcertado el dibujo que tenía entre sus manos  miró a Ernesto pidiendo una aclaración pero él tampoco lo comprendía.
   Recogieron los bártulos para emprender el camino de regreso y al pasar frente a la torre almenada, Ernesto frenó de pronto guiado por un impulso y giró hacia la derecha hasta llegar a ella.
   Se adentraron en la vivienda y ante sí había todo un espectáculo de muebles antiquísimos cubiertos de polvo y de arañas. De las paredes colgaban cuadros de todos los tamaños pero uno llamó su atención, por sus grandes dimensiones y su curiosidad le hizo despejarlo del polvo.
   No salía de su asombro al identificar a los personajes retratados se aproximó de nuevo para limpiarlo mejor se volvió a alejar y moviendo la cabeza susurraba “son iguales a nosotros”. ¿Pero que dices— le replicó Antonio.
  — Somos Elisa, Mariola y yo pero en otra época, claro está.
   Ahora comprendía por qué desde niño sentía la necesidad de tener un caballo en una hermosa finca, y en la adolescencia aparecía en algunas pesadillas que luego disminuyeron en  la juventud.
   En su etapa adulta los relegó por su profesión y la familia, ahora era el momento de retomarlo por ello regresó a Alicante necesitaba recorrer los lugares de su infancia. Desconocía parte de su historia genealógica y se estaba dando de bruces con ella cuando menos lo esperaba.
   Tomó varios cuadritos cerrando la puerta tras de sí se introdujeron de nuevo en el coche y esta vez para ir directamente a casa.
   Antonio extrañado del mutismo de Ernesto intentó entablar conversación respecto al boceto que de forma curiosa realizó.
   No habló pero consiguió una mueca aflorara a sus labios, estuvo unos momentos pensativo antes de comentarle que tenía una investigación en marcha y al terminar  se pondrían en contacto para charlar de todo ello.
   Antonio asintió y la radio les amenizaba el trayecto. Unos días después Ernesto lo llamó para pedirle la continuación de los planos.
   Enfrascado en los archivos de la hemeroteca valenciana pasaba las horas sin encontrar  ninguna referencia a cualquier acto social o alguna pista que le guiara  en sus investigaciones, sin embargo un compañero al ver su gesto malhumorado se aproximó a contemplar la foto del ordenador dio un respingo.
   Ernesto sorprendido le pidió le contara si conocía a esas personas a lo que respondió que esa fotografía la conservaba su familia. Eran su abuelo y su primo en la última fiesta de cumpleaños que celebraron en la casa de campo en las cercanías de Alicante.
   Cerraron los ordenadores y se marcharon a una cafetería próxima para continuas la charla sobre sus ancestros. Ese día llegó tardísimo y le sorprendió el buen humor de su esposa.
  Antonio llamó y ella le invitó a cenar mientras esperaban a Ernesto la conversación entre ellos era animada, hasta que dio un giro inesperado que dejó a Elisa estupefacta ante la información que brindaba  su marido. Esta vez comprendió que él estaba iniciando su sueño un sueño para los dos.

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