miércoles, 25 de noviembre de 2015

PADRE E HIJO


   Sonó el timbre de la puerta y al abrirla le vi erguido con su hijo en brazos, sonriendo al ver mi cara de sorpresa. El niño echó a correr pasillo adelante hasta la terraza para coger el cesto de las pinzas, todavía se acordaba de la última vez que estuvo.

   Rubén le llamaba una y otra vez pero él lo ignoraba, entonces comenzó a contar las pequeñas travesuras de Antonio. No descansaba ni para tomar aire ¡qué barbaridad! Le miré entre comprensiva y sonriente para a continuación interrumpirle diciendo:      ¿Recuerdas cuándo pasábamos los veranos en el pueblo de los abuelos?

  Él respondió con un gesto afirmativo, a lo que continué —pues tendrías la edad de Antonio o muy similar, cuando una tarde mientras el abuelo dormía la siesta y los demás estábamos en el jardín, te asomaste por la puerta entre abierta mirándonos con los ojos picarones y los mofletes rojos como las amapolas.

  Me asusté pensando que tenías fiebre y al tocarte noté que te encontrabas bien, sólo que al andar parecías un poco mareado sin llegar a caerte y con esa sonrisa tuya del que ha hecho una travesura.

   Cuando el abuelo salió detrás de ti contando que te bebiste el poco vino que el suele dejar en el porrón después de comer. Menos mal que era de nuestra bodega y posee una graduación alcohólica  menor, todo quedó en una tarde un poquito alegre.

   La sonrisa al recordarlo afloró a sus labios  entonces me miró esperando que le dijera alguna otra trastada ¡pero  sí él tampoco paraba quieto un segundo!.

   En cuanto nos despistábamos subía las destartaladas escaleras del desván para coger las almendras llenándose  los bolsillos y  llevando algunas en una mano y en la otra el martillo.

   ¡Qué facilidad para abrirlas y más para comerlas! ¡Y qué casualidad! de eso se acordaba.

   Supongo que a medida que crezca su hijo vendrán a su memoria  las travesuras que hizo en otro tiempo cada vez más lejano.


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1 comentario:

  1. Las travesuras de los críos y sobre todo esa cara pillos que ponen cuando hacen algo y no saben como disimular es muy divertida esa escena, yo la vivo todavía con mis sobrinos pequeños, sobre todo pepe que en travesuras es un hacha, jeje.l

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